Sunday, December 23, 2007

Milagro de la mierda.

La casa del abuelo en Samaná es preciosa, es la portada de alguna revista de casas de ensueño. Queda apartada de cualquier comunidad, para llegar a ella hay que pasar la entrada de Las Terrenas, seguir la carretera hacia El Limón, la próxima carretera a mano izquierda conduce hacia una montaña, hay que seguir rodando, seguir subiendo. Cinco kilómetros despues está la entrada. Un portón de madera enmarcado en dos gigantes matas de palmas te indican que ya estas en la propiedad. Un cocotal escolta tu camino hacia la casa, allá en un alto, construyó mi abuelo. Una casona de un piso estilo colonial, de caoba totalmente, pisos, paredes, el techo. Una terraza rodea la casa. El comedor está en la parte de atras y cuando sales a descansar en una de las hamacas la brisa del mar te hace dormir eternamente. El patio de la casa es un acantilado, pero la finca del abuelo tiene ochocientos metros de playa, para acceder a ella hay unos escalones empinados a un lado de la casa que te llevan a tu propio paraiso.

La única nota discordante de la propiedad era su letrina. Quedaba en la punta del acantilado y hacia contraste con el mar azul del Atlántico. Abuelo, muy ingenioso, la construyó bonita y elegante, tanto así que los visitantes pocas veces preguntaban que era eso, a algunos se le mentia diciendoles que era una habitación privada, a otros se les invitaba a cagar observando el mar por una ventanilla dejada a propósito para tal fin. Las heces fecales no se depositaban directamente en el mar, caian en una cueva al pie del acantilado que de acuerdo a la marea se llenaba de agua. Luego de muchos años abuelo hizo un pozo séptico e instaló un inodoro en el baño. Tio Roberto queria destruir la letrina pero abuela no lo dejó, dijo que era parte de la historia de la casa, ademas, dejar al descubierto el hoyo de la letrina podría ser peligroso. Algunos, seguian utilizando la letrina, como Tio Luis, para sentirse en el campo.

Hace diez veranos estabamos en la casa varios tios, varios primos y la abuela. En el día caminabamos entre los cocos, el cacao, las matas de hojas verdes, no bañabamos desnudos en la playa. Comiamos pescados todos los días. Aunque en la casa ya habia televisión por satélite, esto era lo último que haciamos, llegabamos en la noche cansados y despues de cenar, dormiamos en colchones en la terraza con un mosquitero para protegernos de los mutados mosquitos. Esa era nuestra rutina diaria hasta que un día Oliver, el hijo de tio Franklin, no llegó para la cena. Empezamos a preocuparnos cuando el rejoj marcó las diez de la noche. Salí con Santiago y un jacho para buscar por la playa, Emil y Tio Roberto por el cocotal. Busca que busca, las tres de la mañana. Nos reunimos de nuevo en la terraza, estabamos cansados de tanto caminar. A la abuela le bajó la presión, tio Omar fue al pueblo porque era el lugar mas cercano con señal de celular y avisar a Mayra, la madre de Oliver.

Comimos algo, bebimos agua y volvimos a buscarlo. Yo decidí que fueramos hacia la carretera y cruzaramos a la finca del frente, la que tenia muchas matas de limoncillo. Tio Luis sintió una molestia en el estómago, el pescado no le hizo mucho bien. Cuando fue al baño de la casa, estaba ocupado por mi padre que también sintió los efectos de la sublevación de las tripas. Llegó como un rayo a la letrina. Abrió la puerta y justo al bajarse los pantalones escuchó una voz. Oliver, coño, que carajos tu haces ahí.

Oliver estaba en el fondo de la caverna que hacia depósito de la letrina. El agua llena de pestes le llegaba al pecho y amenazaba con seguir subiendo. La noticia se corrió como agua suelta por su cauce, Oliver apareció en la fosa de la letrina. Las carcajadas se confundian con la emoción de haberlo encontrado, imaginarselo lleno de agua salada y mierda era un cuadro muy surrealista. El pobre Oliver, tan flaquito, tan chiquito, tan débil, con la fuerza que produjo al momento de defecar, sus manitas tambalearon y no se pudo sosterner, un rico chapuzón vino despues.

Dos dias despues las vacaciones se acabaron, ya en la casa se habian gastado todos los jabones y detergentes tratando de aplacar el mal olor que Oliver tenia impregnado. Antes de partir la abuela decidió realizar una oración agradeciendo a Dios que su nieto estaba bien. Todos agarrados de la mano rezaban, la abuela terminó con un Gracias Dios por este milagro. Tio Luis añadió: Milagro de la mierda, ve a ver que fue lo que tu le pusiste al pescado que me puso directo y esta churria no se me quita.

8 comments:

Joan Guerrero said...

Esta es una de las pocas historias que termina de manera jocosa. Muy para la época esta narrativa.

Felicidades amigo. Que toda la familia disfrute de buenas estas Navidades. Felices Fiestas.

alfonso said...

gracias bro..un abrazo tambien para usted.

elrincongozoso said...

jajaja, que cura man.

Feliz Navidad y un Próspero Año Nuevo!!!

Dios Te Bendiga.

OsitaJenni said...

Que tremenda risa me dio esto. Por lo menos me calmo la penita que tengo :(.
Feliz Navidad Alfonso. :(

DrLacxos said...

Alfonso: Gabriel Garcia Marquez te queda chiquito últimamente, jejejeje.

osea que tu primo estaba con la mierda al pecho en todo el sentido de la palabra!

Feliz navidad bro'!!!

rosie said...

feliz navidad, tan chistoso como siempre. gracias por el regalo de la risa. Que Dios renazca en todos ustedes siempre.

Soaris said...

jajajajajaja que risa y que fuerte caer en un hoyo de estos, en la casa de mi abuelo habia una y me daba un miedo terrible, me remontaste a esos momentos, jajajaja.

Feliz Navidad Precioso!!!

besitos

Maria Estilia said...

jajajaaaa!! ay ombe!! yo me imagino!1 lol

meri crimas perro :P